Si tu hijo se mueve cuando suena la música, imita coreografías o no para quieto, puede que la danza sea justo lo que necesita. Y, sin embargo, todavía hay familias que dudan al apuntar a un niño a baile. Vamos a hablarlo con claridad.
Bailar es fuerza
La danza es uno de los entrenamientos más completos que existen. Trabaja la potencia de las piernas, el equilibrio, la coordinación y el control del cuerpo a un nivel que sorprende a quien lo prueba por primera vez. Los grandes bailarines son atletas de élite. Saltan, sostienen, giran y controlan cada músculo. Para un niño, eso es desarrollo físico del bueno.
Bailar es disciplina
Igual que un deporte, la danza enseña constancia, respeto por el esfuerzo y la satisfacción de mejorar poco a poco. Memorizar coreografías, repetir hasta que sale y subir a un escenario son retos que forman el carácter. Esa disciplina luego se nota en todo lo demás.
Bailar no quita nada a un niño. Le suma cuerpo, cabeza y confianza.
Y además, abre puertas
Muchos chicos que empiezan a bailar lo compaginan con el fútbol o con otros deportes, y notan que se mueven mejor en el campo: más ágiles, más coordinados, con mejor equilibrio. La danza no compite con el deporte, lo complementa. Y para algunos será, con el tiempo, una vocación o una profesión preciosa.
Que pruebe una clase
La mejor forma de quitar dudas es probar. Apunta a tu hijo y deja que descubra por sí mismo lo que es bailar en grupo. No hace falta experiencia previa.
Apúntale →En Développé, todos bailan
Nuestro estudio en Benicàssim está abierto a niños y niñas por igual. Trabajamos en grupos reducidos, con un ambiente amable donde nadie se siente fuera de lugar. Aquí lo importante son las ganas de moverse, no de dónde vienes ni si has bailado antes.
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